FERNANDO RUBIO

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¿Se acuerdan de Sixto Rodríguez? ¿Lo hemos vuelto a olvidar? ¿Hay más sugar men en el mundo? ¿Y en España? ¿Alguien los busca o tiene interés en encontrarlos? ¿Sabríamos distinguirlos entre la multitud, escucharlos en medio del ruido?

Permítanme que les hable de Fernando Rubio, guitarrista, armonicista, compositor, cantante y productor nacido en Cartagena hace 53 años. No es que su historia se parezca a la de Rodríguez, ni siquiera su música. Lo que les emparenta es la rara delicadeza de sus obras, la invisibilidad de sus carreras, la dificultad para ser descubiertos y apreciados. Ambos atesoran un buen catálogo de suavidades, profundidades y otros intangibles que no cotizan en Wall Street. Hablamos de talento, poso, pasión, honestidad, elegancia, frescura, sensibilidad. Hablamos de capacidad de refugio interior frente a la tormenta. Hablamos de náufragos que reflotan incasablemente aferrados al mástil de sus guitarras. Hablamos de dos músicos capaces de viajar incansablemente sin tener coche ni carnet de conducir, rara habilidad que usan también para inventar canciones agridulces, poderosas, abiertas, bellas, únicas.

Hasta aquí las semejanzas, porque el sugar man del que les hablo no es un artista en decadencia ni le han tangado con las ventas de discos en Suráfrica y Australia. Él publica con su colega Joaquín Talismán, cien por cien fiable, y el propio nombre del sello, Perdición, ya anuncia el modesto tamaño de sus ambiciones. Cheap Chinese Guitar, su segundo disco en solitario tras el delicioso Tides (2009), es un canto a la belleza sencilla, un alegato indirecto contra la pamplina, la impostura, los enredes sociales, las modas que duran un segundo y el culto generalizado a las maquinitas para tontos que hacen relojes. O dicho con el esencialismo del propio Fernando Rubio: “Una guitarra china barata es lo único que hace falta para hacer buen rock’n’roll”.

Cheap Chinese Guitar es el laborioso milagro de un hombre solo, rodeado de unos pocos pero talentosos amigos, cocinado en casa, a fuego lento, con los medios disponibles. Un disco artesano, inimitable, un islote de lucidez, infinitamente más cálido y verdadero que algunos grabados a golpe de talonario en Nashville, por muchas trending gaitas que nos vendan. Cuando Fernando Rubio empezaba, a eso que ahora llaman Americana se llamaba folk-rock, country rock o simplemente The Band. Siendo un chaval, El Último Vals le sacudió bien la cabeza. La primera vez que lo vi tocar fue a finales de los años 80, en un mítico club de Cartagena, El Arlequín. Ya por entonces había interiorizado todo el rock & soul del mundo. Recuerdo salir del local con la sensación de haber visto un sensacional cruce entre Neil Young y James Brown.

Ha llovido mucho y muy duro desde entonces. Fernando Rubio lleva casi 40 años pateando escenarios grandes, pequeños y medianos. Ha sido reclamado como músico de estudio por numerosos artistas nacionales y ha compartido cartel con figuras como John Mayall, Chuck Berry, Marcus Miller o Eli Paperboy Reed. Desde mediados de los años 80 hasta 2005, entregó su sangre a Ferroblues, incendiaria banda soul de Cartagena que giró intensamente por España. Nadie que los viera en directo o escuchara sus discos —Mondongo (1994) y Blind Lizard (2000)– los ha podido olvidar. Sobreviviendo como un bluesman, se las ha arreglado siempre para no parar de tocar y grabar: en solitario, en dúo, en trío, con sus propias bandas, con bandas de otros y, desde 2016, como miembro de Bantastic Fand. Su presente son 12 canciones propias a la altura de muy pocos autores. Estamos ante un artista en estado de gracia, y ahí radica otra gran diferencia con el quebradizo Rodríguez que conocimos tras el documental de Malik Bendjelloul. Fernando Rubio ha hecho todo lo que estaba de su mano. Solo necesita ser descubierto y valorado, y eso ya no depende de él.

Quien tenga el poder para cambiar las cosas y quiera ayudarme a reparar el error, lo tiene muy fácil. A tipos así tienes que salir a buscarlos o se pierden. Ningún sugar man irá a tu despacho a pedirte nada. Yo sí. Yo les pido que se detengan y escuchen una joya como Cheap Chinese Guitar con la pausa y la atención que merece. Tan solo eso. Me ahorraré más adjetivos y definiciones. Preferiría que el disco llegara sin demasiadas ideas prefijadas. No debería ni haber revelado la procedencia del autor, pues ya sabemos de la predisposición general hacia el prejuicio geográfico. No se hagan muchas preguntas ni apriorismos. Si tienen oídos, escuchen. Como bien dice el autor, “siempre hay que elegir entre la inexacta literalidad y la precisión poética”.

Ustedes deciden.

Nacho Para

Músico y periodista

Puedes escuchar el disco aquí:

https://fernandorubio.bandcamp.com/album/cheap-chinese-guitar

MÁS INFO: https://www.facebook.com/FERNANDO-RUBIO-85022763678/


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